Me niego a ser mamá

Texto: Carla Natareno

Cuando era niña jugaba con mis hermanas a “ser mamá” y cada una cargaba a su supuesto hijo y hablaba maravillas de su esposo imaginario, no puedo negar que la pasé bien mientras jugaba pero mi futuro sería completamente diferente.

Mi infancia transcurrió en el seno de una familia católica muy tradicional y no tengo nada que reprochar porque esa formación me ha convertido en la mujer que soy y estoy muy a gusto con eso.

Pero desde pequeña me sentía inconforme sobre el rol de la mujer y del hombre dentro del hogar, siempre le pregunté a los adultos porqué los papás se sentaban en la cabeza de la mesa o porqué ellas les servían la comida a ellos y siempre me mandaron a callar.

Pero encontré respuestas en los libros, ellos me abrieron un nuevo panorama, me enseñaron una realidad que desconocía y me atreví a cuestionar mi entorno. Cuando era niña admiraba a las mujeres feministas y que se negaban a ser mamás y amas de casa. Desde Jo March (personaje de Mujercitas) hasta Simone de Beavouir me alentaban desde las páginas de los libros para formar un criterio sobre cómo quería ser yo como mujer.

En un principio creí que sería una mujer soltera, estaba segura que no estaba capacitada para amar a un hombre y me sentía conforme con eso. Me sentía orgullosa de mi soltería y soñaba con los días donde se jugaban mis propias reglas.

Pero el amor llegó a mí y por momentos sentía que estaba traicionado mis principios feministas al “ceder” ante el amor de un hombre, pero él me enseñó que querer a alguien también es liberador y que es maravilloso formar una relación de cooperativa para crecer juntos.

Mi relación crecía y alguien me preguntó: “¿para cuándo los hijos?”, la pregunta me tomó por sorpresa,  si pensaba que me iba a quedar sola es porque jamás pensé en tener compañía, menos hijos…nunca en mi vida me imaginé volver realidad los juegos que tenía de niña. El solo hecho de imaginarme atada a un niño me hizo sentir frustrada.

Empecé a observar a mi alrededor y descubrí que no disfruto de los niños…qué gran responsabilidad tener y criar uno, creo que no soy apta para eso porque todos los cactus que he comprado para el escritorio se han muerto y eso que son de bajo mantenimiento.

En esos momentos de reflexión pensé: “¿realmente quiero tener un hijo?” y la única respuesta que llegó a mí fue un rotundo no. Así que decidí engancharme con un método anticonceptivo y cuidarme. Platiqué con mi pareja sobre el tema y él también estaba de acuerdo con no reproducirnos, eso fue un verdadero alivio.

Los dos caminábamos libres y seguros de nuestras decisiones pero en el recorrido me topé con el hostigamiento de las personas, incluso de las mismas mujeres que me reprochaban por no querer tener un hijo. Aunque les diera la explicación más filosófica que se me ocurriera, había rechazo en sus palabras. Había días en que amanecía más tolerante que otros y por lo mismo, a veces tenía la capacidad de responder con toda la paciencia o solo lanzar una mirada fulminante.

Las personas pueden ser tan indiscretas como hirientes y ni siquiera puedo entender como decisión tan personal puede causar tantos prejuicios sobre una. La maternidad es una opción y no una obligación, el hecho que nuestra anatomía tenga la capacidad de albergar y dar vida no quiere decir que esa una imposición. Cualquier cosa que hagamos, debe ser una decisión, nadie debe obligarnos a creer o pensar de cierta manera.

Y yo decidí no tener hijos porque de tenerlos ellos me odiarían a mí y yo sentiría un resentimiento por ellos…creo que todas las mamás lo experimentan porque nunca o pocas veces llenamos sus expectativas, ellas siempre creen que el hijo de su amiga o  de un familiar es mejor que el propio. Las decepcionamos con nuestras actitudes y cuando crecemos lo único que queremos es dejarlas, dejándolas un poco abandonadas. Si eso pasa con la mayoría, ¿por qué no me va a pasar a mí?

No me creo en la capacidad de criar a nadie, el único método de crianza que conozco fue el que mi mamá usó conmigo y al parecer es algo anticuado porque la disciplina es algo obsoleto en esta época, si educo así a mi hijo de la misma manera, sería un inadaptado…yo soy una inadaptada y no es fácil serlo, ¿quiero eso para mi hijo? No, no lo quiero.

Tampoco creo que este mundo o este país sean dignos de ser el hogar de niños inocentes, la verdad ya perdí la fe en la humanidad y solo puedo ver a una sociedad egoísta y mezquina, donde los poderosos son inmunes por sus injusticias y nos arrebatan los recursos naturales que nos pertenecen a todos, ¿quiero que mi hijo crezca en este país? No, no lo quiero.

El tema del dinero también me ha motivado para negarme a la maternidad, he visto como mis papás y todos los que conozco se han fajado por la comida y la educación, donde prácticamente cumplir con estas obligaciones pareciera que les succionan las energías, atándolos a un yunque muy pesado de obligaciones, ¿Yo quiero esa vida para mí? No , no la quiero.

Si mi hijo existe, prefiero que se mantenga así como está…como ser libre y si es nuestro destino encontrarnos, tarde o temprano lo haremos. Si bien es cierto que en mi decisión hay egoísmo, irónicamente también hay amor.

Y ya entendí que las personas probablemente nunca me van a entender y que me van a juzgar mientras tengan palabras para decirme. Y tampoco estoy interesada en ser comprendida, tener hijos o no tenerlos, es una decisión igual de válida. El mismo ginecólogo que tenía asignado me soltaba una serie de sermones sobre la maternidad, me cansé de escucharlo y lo despedí y busqué otro médico y lo volvería a despedir a otro si fuera necesario…su deber no es darme lecciones de sobre los supuestos deberes femeninos

Este tema volvió a mí como una constante cuando después de mucho tiempo decidí operarme, no tenía sentido seguir gastando dinero ni energías en revisar el calendario. Una parte de mí se sentía orgullosa de la operación y la esperaba con ansias, representaba mi pequeña gran revolución feminista…la que siempre quise tener.

Mientras me hacían los exámenes encontraron algo en mi cuerpo que me impide tener hijos…si lo hubiera sabido antes me hubiera ahorrado mucho dinero. La operación ya no es necesaria y me siento orgullosa de mi cuerpo y de su sabiduría. Con esto, solo queda demostrado que tomé la decisión correcta y que de alguna manera, sí tengo mi pequeña gran revolución feminista. Me gusta pensar que soy como una de las tantas mujeres que admiro y que me han acompañado.

Imagen: Roberto Turmini vía Unsplashhttps://unsplash.com/@robertotmn

Colaboradores Polyester

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