#ArteActual: Un café con Alfredo Ceibal

I

Al principio, el universo debió ser una especie de lienzo negro, completamente negro. Y se hizo la luz.  Y a partir de la luz, se buscó transgredir la blancura. Se acuñó el término nada, cada cosa obtuvo un nombre y empezó a existir en función de ese nombre.

Entonces, fue necesario explicar las cosas. La ciencia, la religión, el poder y el arte, explicaron las cosas a su manera particular de verlas. La poesía entendió y explicó de forma ideal, mientras la ciencia de forma real, y el poder de manera conveniente.

Los artistas retrataron y reinterpretaron todo. Su vocación profética dio inicio y simultáneamente, la manera en que los apedrearon en algunas latitudes. En otras entraron de manera triunfal, solamente para morir y renacer. Así ad eternum.

II

 

El espacio es completamente blanco, y está transgredido únicamente por líneas concebidas con la máxima pureza necesaria. Arriba, la lluvia que moja, que revitaliza, que da vida. Abajo, el agua que ha caído del cielo como regalo.

Le veo entrar a la galería con actitud meditabunda. Un maletín que le acompaña a todos lados. La boina, que según me explica, le acompaña siempre. Le doy la mano, y le invito a sentarse.

-“Hola gran maestro”, me dice.

-“Maestrísimo”, le contesto.

Y con una reverencia de cada uno -un saludo que nos acostumbramos a hacer- concluimos nuestra bienvenida.

III

 

“Mis procesos artísticos proceden de una etapa de intensa investigación”.

Su larga estancia en Nueva York, donde desarrolló en la década de los 80 una gran parte de su carrera, influye en el proceso de investigación y creación de este artista. Aunque su estilo es figurativo con fuerte carga del realismo mágico, Alfredo tiende a ser minimalista.

Al cuestionarle por sus procesos creativos, responde con propiedad: “Mis procesos artísticos, proceden de una etapa de investigación. Si se da cuenta, hay series que son muy diferentes entre sí. Esto es, porque ninguno de los procesos que realizo, son similares. La mayor parte de mi trabajo, está basado en la vida, su origen, su desarrollo y su final”.

Lo abordo nuevamente. Esta vez, es sobre su estética. “Cada una de mis líneas está pensada para ser una continuidad”.

Al observar con detenimiento, las obras de Alfredo son de un corte casi minimalista, de líneas delgadas, muy en contraste con lo que hace casi dos décadas, Alfredo hacía.

¿Y la obra “El Té de Dios”?

La idea era construir escenarios donde el interior fuera al mismo tiempo, el exterior. Como una especie de conciencia, de lo externo que nos atañe, incluso en nuestra intimidad.

El año pasado, en la subasta latinoamericana de arte, Juannio 2016, se presentó una de estas obras de Ceibal. Los paisajes exteriores son, de alguna manera, dibujados en los muros interiores de los espacios donde los personajes de Ceibal habitan.

En algún momento de nuestra conversación, Alfredo saca algo de su maletín: Vea esto Diego, cuénteme que piensa.

Es una serie de dibujos que ilustran la edad de la tierra y el ciclo del agua. A lo que le pregunto por el tema del ciclo del agua y del fuego (porque recordaba el neomural que elaboró este artista en la Fundación Rozas-Botrán)

El mural habla del vulcanismo, geología y geografía. Aborda los diferentes momentos del Valle de la Ermita y sus habitantes, así como los volcanes y las placas tectónicas que atraviesan la ciudad.

Luego, regresamos a hablar de los dibujos que llevaba. Me explica lo de su proyecto para hacer un libro-arte. Me cuenta los procesos del libro y el texto curatorial, que ya está en proceso. Todo termina y empieza con una nebulosa.

La conversación está casi por llegar a su fin. Le pregunto por una obra en particular, sobre la “Marquesa de Huehuetenango” que, acabo de ver entre las cosas que lleva.

Maestro, la marquesa es parte de la “Societé des fumeurs” o Sociedad de los fumadores. Si observa con cuidado, tiene una cucharilla de plata con droga. Y del otro lado, con mucha propiedad, sostiene su copa de algún licor. Entre los círculos más altos, es donde hay más abusos de drogas, pero todo con consentimiento y hasta cierto modo chic de hacer las cosas. Por eso retrato a estos personajes que son incluso, insolentes.

Alguien le espera ya en la puerta, lo acompaño y nos despedimos. Se sube con rapidez al vehículo y me despide de lejos. Evidentemente nuestra conversación quedó a medias.

*****

 

Tiempo después, veo a Ceibal una vez más, previo a un viaje. Me cuenta que estará fuera por unos meses. Luego, me entero que es de los artistas seleccionados en la X Bienal Centroamericana y luego, viajará a dar una conferencia sobre su obra, que se encuentra en el Smithsonian.

Recordé que tenía el archivo de nuestras conversaciones. Lo transcribo y empiezo a redactar. Envío el mail con la entrevista y observo con detenimiento, a alguien que me observa en su marco blanco que pende de la pared: La marquesa.

*articulo escrito en junio de 2017

Diego Ventura Puac-Coyoy

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