Celebrar a la muerte en vida

Texto por: Fernanda Ruiz/ @mara_rdguez

Ilustraciones: Mercedes Schoenfeld/ @me_schoenfeld

Celebrar hasta a la muerte, pareciera un talento con el que solo los mexicanos nacimos. Sin embargo, el “Dia de Muertos” ha trascendido en las tradiciones mexicanas para compartir con el mundo la nostalgia de recordar a quienes ya no están con nosotros.

México es un país lleno de historias, desde los días de los antiguos pueblos aztecas, nuestros antepasados crearon relatos para explicar la razón de las cosas: una de las más importantes era el proceso después de la muerte, ¿a dónde se va al momento de morir? La respuesta es más compleja de lo que pudiera explicarse, pero el Mictlán era el lugar al que llegabas cuando morías por causas naturales y seguías tu camino para encontrarte con los dioses de la muerte: Mictecacihuatl y Mictlantecuhtli.

Como todo en este continente, la llegada de los españoles sirvió para cristianizar la creencia y transformar las imágenes “paganas” en elementos de la religión católica que acompañan esta celebración hasta nuestros días.

Llamamos “celebrar” el Día de Muertos, porque para nosotros la muerte es parte de la vida, la respetamos y esperamos con la promesa de que existe un día al año podremos regresar a casa y estar con quienes amamos y nos amaron en vida. Bajo este contexto es que preparamos ofrendas y las llenamos de flores y colores, veladoras y platillos deliciosos para darle la bienvenida a quienes ya no están con nosotros en este mundo.

El 1 y 2 de noviembre celebramos que aquellos que murieron nos acompañan, y nosotros, adquirimos la responsabilidad de recibirlos y de nunca olvidarlos.

Resulta fascinante como esta celebración de la muerte llena de vida a los lugares; la Ciudad de México se pinta de colores, desfiles, calaveritas de chocolate y azúcar, pan de muerto, flores de cempasúchil, olor a copal, pero sobre todo, de emblemáticas “catrinas” que recorren las calles.

Cuando el caricaturista, José Guadalupe Posadas, comenzó a dibujar a “La Catrina” -cuyo nombre se lo dio el muralista Diego Rivera-, quería reflejar la desigualdad social y económica que México vivía en aquellos días. Una crítica a aquellos que querían esconder sus raíces indígenas pretendiendo pertenecer a la clase burguesa, tal como nuestra catrina lo muestra con su vestir y andar, simulando a la sociedad europea a la que todos querían aspirar.

“La Catrina” no es la imagen de la muerte, es el símbolo de una sociedad que niega su origen y busca pertenecer a donde no corresponde. Es la sátira de hacia dónde vamos y los huesos que nos representarán el día que abandonemos el mundo terrenal; es aspiración y al mismo tiempo un constante recordatorio.

Crecemos aprendiendo de la muerte, la abrazamos como parte de nuestra identidad y nos pintamos la cara como ella cuando llegan los primeros días de noviembre. Nos sentamos a esperar a los nuestros y rogamos porque su esencia nos acompañe durante las horas que dura la celebración.

El Día de Muertos es solemnidad, es paz, es nostalgia, es amor.

Recuerda a los tuyos, abraza su muerte y celebra su vida. Quiénes somos si no simple mortales que próximamente se convertirán en protagonistas de las futuras ofrendas.

Colaboradores Polyester

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