Y así fue mi primera prueba de VIH

Imagen destacada: wisegeek.com

Ahí, estaba yo, sentado esperando que la enfermera me dijera el resultado de mi prueba de VIH. La verdad, no sabía por qué me sentía nervioso, pero al final, cuando ya estás ahí, te pones a pensar todas esas veces en que empezaste todo sin ponerte condón, que te pusieron una inyección o te sacaron sangre o cuando te hiciste un tatuaje. También, traes a tu mente la remota posibilidad en que tal vez besaste a alguien, y tenías una carie y esa persona también y ¡Zaz! Te infectaste sin saberlo. Pero ya a esas alturas, ¿qué podés hacer? Nada más te queda esperar y saber si sí o si siempre no. Te prometes que vas a ser más responsable, que vas a entrar en castidad –aunque sabes que eso no va a ocurrir-, pero de igual forma te lo decís… 

Así fue como estaba a punto de recibir el resultado de mi primera prueba de VIH. Acabé ahí, por una expareja que me pidió hacérmela antes de que pasara algo sexual entre nosotros. Cuando me lo pidió, la verdad no lo tomé mal. Pensé que era algo responsable de su parte. Por mi mente, no pasó la preocupación. Y aunque suene a que me estoy haciendo el niño bueno, he sido bastante responsable con el uso de condón, a pesar de que tuve mi época de one-nigth stands. Pero la verdad, es que nunca me había hecho una prueba de ese tipo. Me sentí un poco mal, porque se supone que como alguien sexualmente activo y responsable, es algo que deberías hacer. Así que por dentro recordé ese famoso gif de un pug y su cara de preocupación.

 

En ese entonces, no estaba pasando por mi mejor época económicamente hablando, así que ir a una clínica privada a hacerme un examen de VIH estaba un poco fuera de mi presupuesto. Haciendo algunas búsquedas en Facebook –aparentemente es nuestra nueva guía telefónica-, me topé con la Fundación Marco Antonio, un lugar en el que se brinda atención médica y psicológica gratuita para todo aquel que se acerque a ellos, especialmente personas de la comunidad LGTBIQ. Llamé, pregunté los requisitos y me dije “voy mañana”.  

Tomé las llaves, me puse algo cómodo, porque sabía que iba a caminar, y salí a aventurarme al tráfico de la mañana en las cercanías de la zona 4. Busqué un parqueo cercano, me estacioné, recibí el tiquet y empecé a caminar. Llegué al lugar, una casa de dos pisos celeste, rodeada por un entorno bastante “pintoresco” por así decirlo. Entré rápido, porque me agarró esas de “tal vez alguien me va a ver entrar acá”. Luego recordé que he hecho muchas otras cosas ridículas, y que definitivamente realizarme una prueba de VIH no era una de esas. Llegué a la recepción y le dije a la señorita que la atendía que quería hacerme una prueba de VIH. Me comentó que tenía que llenar un formulario y que si yo quería dejar una donación. Tomé el formulario y procedí a poner algunos billetes en la alcancía. La verdad no recuerdo cuanto puse, pero me puse nervioso al recordar que me iban a sacar sangre. Y sí, tengo varios tatuajes y una perforación, pero el olor a la sangre es algo que aún hace que me tiemblen las piernas.  

Cuando terminé con el formulario, pensé que solo me iban a sacar sangre y ya. Pero no, el examen era distinto a como me habían contado era en otros lugares. La primera parte fue una pequeña charla sobre la importancia del uso del preservativo, los riesgos que se tienen al no usarlo y otros temas de salud relevantes de psicología. La segunda parte sí incluía el temido pinchazo. La enfermera hizo una broma de que me iba a doler poco, que si había aguantado tatuajes, no me iba a doler. Y así fue, la verdad no me dolió nada y no sentí olor a sangre. ¡Punto para mí! No me desmayé. Después de eso, la enfermera me dijo que podía pasar con el doctor. Le respondí: ¿Cómo así que con el doctor? “Sí, antes de que le demos sus resultados, hay que ir a una consulta”, me explicó la enfermera. La verdad ya estaba ahí y pues, y soy malo esperando, así que una consulta médica no estaba de más.  

Entré con el doctor, me saludó y me preguntó cuál era mi nombre y si tenía una pareja estable –la cual duró menos de lo que dura una quincena en manos de un shopaholic, pero esa ya es otra historia-, y le dije que empezaba a salir con alguien y que esa era la razón por la que había llegado a la clínica. Después, me comentó que haría una revisión general para ver si no tenía alguna infección de transmisión sexual. El proceso fue rápido, pero no deja de ser un poco incómodo que te vean e inspeccionen ahí abajo, menos alguien desconocido. Luego de algunos consejos sobre el uso de los preservativos, preguntas incómodas y respuestas incómodas, la consulta terminó.   

Imagen con fines ilustrativos vía Pexels.com

Cuando salí, la recepcionista mi dijo que mis resultados ya estaban listos. Fui con la mujer que me atendió antes del pinchón y me senté. Me habló de la importancia de realizarse estas pruebas con frecuencia y que fuera cual fuera el resultado, era importante tener una sexualidad responsable. Ella mencionó, que si el resultado era positivo, ellos daban seguimiento al caso, para recibir atención médica y más. Y pues su el resultado era negativo, me aconsejaban realizarme la prueba al menos una vez al año y, siempre, tomar precauciones usando preservativo.  

Y pues, ahí es donde regreso al primer párrafo de este texto. Ella tomó una hoja doblada en 3, engrapada en uno de los extremos y la abrió.  “Su resultado es negativo”, me dijo. Respiré con tranquilidad. Me explicó que era importante realizarse la prueba luego de unas semanas, para estar seguros -volví tiempo después-. Me retiré del lugar –y volví a dejar dinero en la alcancía. Me sentí mal de haber dejado tan poco al inicio y haber recibido toda esa atención-. Mientras venía manejando de regreso, pensé nuevamente en todas esas veces que uno realmente no valora su salud y no piensa en las consecuencias que puede tener un ratito de placer, si no se toman las medidas adecuadas. Para las personas infectadas de VIH, también es importante saber a tiempo, para tener el seguimiento médico adecuado y no contagiar a otras personas. Usar condón y un pinchoncito cada cierto tiempo pueden hacer una gran diferencia.  Así como yo en ese entonces, muchos tienen miedo de hacerse esta prueba. No tanto por el resultado, sino por el “bochorno” social que eso implica. Tener miedo de toparse a alguien o que el doctor sea conocido. Sea cual sea el miedo, como adultos responsables, toca aguantarnos y hacer lo que debemos hacer.  

Para los que se quedaron con la duda, la Fundación Marco Antonio queda en la 5a avenida 8-33 zona 4 y su teléfono es el 2332-0004. También pueden buscarlos en Facebook.  Su personal es muy amable y super profesional.  Si su presupuesto es limitado –que la situación actual de Guatemala es compleja- es una buena alternativa para realizarse esta prueba. Además, puede que aprendan una que otra cosa que no sabían sobre VIH.  

Mynor Véliz

Soy Director Creativo de Polyester, me apasiona la moda, amo a los gatos y los perros, las chaquetas de cuero, las botas y la comida bien hecha.

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