Ni vergüenza, ni culpa

Texto: Fleur Chelsea

Todos le hemos mentido alguna vez en la vida a alguien a quien queremos, lo que difiere, sean cuales sean las razones,, pero el daño que causamos podría ser el mismo. Si en alguna ocasión me has preguntado si te estoy escuchando, seguramente te he mentido por lo menos una vez.

Tengo 27 años, de los cuales, estoy consciente que durante 18 de ellos me he aburrido de todo. No soy más que un peón del TDAH (Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad), ni menos que cualquier otra persona que es esclava de su propio ADN.

A veces, te sientes cansada de usar tanta energía en tratar de mantener la mente despejada.  Otras veces, el cansancio está en querer aceptar que esto será parte de ti para toda la vida.  

La gente asume que no te importa nada, pero tienen tu atención, solo no puedes mantenerla.  Levantarte en las mañanas es lo peor en el mundo, casi como amanecer de goma perenne.  Llegas al punto en el que tomas cada noche, para obligarte a dormir, te levantas destruida pero esto podría ser tu única rutina.

Las personas que aprecias piensan que eres frio, que has cambiado, que no eres el mismo, que ya no te interesan.  Tus emociones son más fuertes y tienes problemas para manifestarlas con regularidad. Tus padres tratan de controlar lo que ellos creen que tú no puedes lograr.  Pierdes tu credibilidad a base de un diagnóstico, un papel, una opinión, un estigma.

Sientes que tu personalidad se pierde poco a poco, cada vez que te tienes que medicar.
Te sientes solo, pero al final decides que todo sentimiento negativo no te sirve y lo quieres desechar.  Aunque no sepas cómo se sienta, quieres ser normal.

Piensas que con un título universitario podrías escapar de esta realidad, que va a ser el inicio de tu adultez como lo es para los demás. Tus años de universidad te enseñan que es difícil para ti comprometerte a cualquier cosa. Empiezas proyectos que no quieres terminar, no es pereza ni es falta de motivación. Te arrastras a clase todos los días, y otros solo decides ocuparlos en algo más, siempre sientes que te pierdes de algo y que no estás explotando todo tu potencial.

La única constante en tu vida es el sentimiento de que estas perdiendo el tiempo. No quieres confiar por miedo a que te puedan rechazar. Has perdido a tanta gente que piensas que es más fácil lidiar con esto en completa soledad. Sientes que tus decisiones son tomadas por alguien más, el desorden sentimental se refleja inclusive en el lugar que tu llamas hogar, es un efecto rebote del cual no te puedes separar.

No es tan malo, no me vayan a malinterpretar, pero dejar ir gente se vuelve regular. Me gusta quien soy, no siento vergüenza, ni culpa. Valoro mis amistades, me gustan los retos, aprecio la honestidad, soy atrevida e impulsiva. Si me equivoco rápidamente busco alternativas, no me dejo derrotar por ideas negativas.

*Publicado origialmente el: 4 Jul de 2016

Colaboradores Polyester

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