Ser feminista, viviendo en un pueblo

Texto: Claudia Huerta

Imagen destacada: Andres Mancilla

Mi día empezó con bombas y cohetillos, aderezado de una alborada que retumbaba en las calles. Mientras escribo esto, escucho Mother’s Journey de Yann Tiersen y doy un pequeño sorbo a mi café. En el colegio de enfrente suena el reguetón de moda. Es día de la madre en Guatemala y todos festejan. Felicitan a las madres abnegadas, que antepusieron a los demás y no a sí mismas. A la idealización que se tiene de cómo debiera ser una “buena” mujer. Leo un artículo de Lucía Canjura, ella proclama no querer tener hijos. En una supuesta época postfeminista, como la nuestra, esto no debería causar sorpresa ni tantas reacciones negativas. Como la mayoría de niñas, yo jugaba con muñecas. Quería tener a Ken, pero no a la familia completa. Mis muñecas solían ser artistas de rock, modelos, presidentes, pero en muy rara ocasión una mamá.

Escoger no querer tener hijos es -en teoría- una decisión consciente e individual, pero desgraciadamente no es así. Hay una presión constante. Entre muchas anécdotas, una que tengo muy presente  es una en la que estaba en clases de Educación para el Hogar. Estábamos hablando de vida familiar, y en una de esas solté que no me veía con hijos. La profesora me vio como si yo hubiese dicho que admiro a Charles Manson. Espetó: “usted ahorita no sabe lo que quiere, cuando crezca cambiará de parecer”. Y heme aquí,  más de quince años después, pensando igual.

Vivir en pueblo, Retalhuleu para ser exacta, y con ideales feministas a veces es muy difícil. El acceso a internet no era muy popular por ese entonces, y no tenía libros de literatura feminista al alcance de la mano. Vivimos en un país ultraconservador, religioso y machista hasta la raíz. Y lo más terrible, en negación. Porque aunque estemos en la segunda década del Siglo XXI, decir que se es feminista es igual a decir una palabra soez. Decir que no quiero tener hijos es una blasfemia. ¿Cómo es posible que una mujer quiera renunciar al sentimiento más puro y básico como es el ser una madre? Una mujer que antepone su carrera o su físico a procrear un hijo es egoísta y no sabe distinguir cuáles deberían ser sus prioridades.

“Por esto hay más divorcios, antes no pasaban estas cosas”, dicen. Aunque claro, nadie menciona que antes muchos hombres (que no eran todos) acostumbraban a tener más de una señora. Las esposas tenían que aguantar porque no eran económicamente independientes. No creo que fuera porque estuvieran contentas. Nos programan desde niñas. Nos dicen que nosotras somos el sexo con instinto protector, que debemos mantener nuestra casa impecable. Que hay que aprender a limpiar, no porque vayas a dedicarte a ser ama de casa –necesariamente-, sino porque hay que aprender a llevarla (casa). A llevar,  a ser llevaderas. Nadie quiere a una mujer con carácter difícil. Mejor cásense con una que esté joven porque así se hace al modo de ustedes. Porque una relación no es sobre equidad, sino de poder. Escoger un estilo de vida no tradicional es a veces un tanto incómodo. No es fácil tampoco. Nunca faltan los comentarios impertinentes, cargados de “buenas” intenciones”. Pero al final del día, vivo mucho más tranquila porque no se me va la vida intentando estar atenta a expectativas ajenas.

-escrito el 31 de mayo de 2016

Colaboradores Polyester

1 thought on “Ser feminista, viviendo en un pueblo”

  1. Me ha encantado este artículo. Me sentí muy identificada, en la era en la que dicen que somos libres aún se levantan cejas y prejuicios al decir: “no quiero hijos, no necesito un esposo, quiero seguir estudiando en vez de pensar que mi útero se hace viejo para procrear, quiero trabajar, vivir.” Una pena. P.D: mis barbies jamás fueron mamás jaja

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