Vivas por mano propia

Texto: Lizzy Rojas

Imágenes: Zahira González 

Desde pequeñas, se nos insta a sentarnos con las piernas cerradas, a “no enseñar el calzón”, como si eso desencadenase una tragedia, a no jugar bruscamente…y ni hablar de tocarnos.

Nuestra genitalidad es un área vedada, que no debe verse, ni palparse, hasta que llegue el príncipe rescatador que se apropie de nuestro cuerpo para su placer.

Trágico como se lee, esta es la historia de miles de mujeres en nuestro país. Crecen con aversión a una parte de sus cuerpos, se creen la historia que la vagina despide mal olor, que sentir algo placentero allí es “malo” y que el sexo es otro más de los tributos que se debe pagar a esos seres superiores que son los hombres.

Por eso, muchas llegan a la edad adulta sin conocer el orgasmo, sin saber qué tipo de vulva tienen, o cómo les gustaría ser tocadas. Se les ha negado la primera y más importante autonomía: La del  primer territorio: El cuerpo.

Y sin embargo… por las noches y a escondidas, miles de mujeres se tocan, se descubren, se acarician con placer culposo; simplemente porque está en nuestra naturaleza el explorarnos y causarnos placer. Nada puede ir contra las fuerzas de la sexualidad: ésta siempre encontrará una rendija para colarse.

Es momento de cambiar los miedos por disfrutes, los prejuicios por conocimiento y entender que una sexualidad plena comienza siempre con la exploración del propio cuerpo. Nunca es tarde para abrir las piernas…para colocarse un espejo entre ellas y conocerse, ni para usar nuestros dedos hasta encontrar la frecuencia e intensidad idóneas.

Las mujeres hemos pasado siglos con las piernas cerradas, temerosas de sentir y de hacernos vibrar a nosotras mismas. Las fotografías de Zahira González nos invitan a vernos, tocarnos y sentirnos vivas por mano propia.

Colaboradores Polyester

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